Tuesday, September 08, 2009

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Las palabras de Marcos: último ejército por la libertad. Las voces de mi generación dormida en la realización de sus vidas, tan de ellos, apropiándose el derecho de ser quienes deseen en un mundo dispuesto para aprehender, coger, asir y calzar en el tiempo y los cuerpos, y en ello el deber de su arte y de sus propósitos. Las voces de quienes admiro redundan en lo miserable que he sido en posponer esa decisión. Marcos, su voz parsimoniosa, casi infantil, relatando el no hay tal lugar, que es mi hogar y el hogar de la noche latinoamericana. Quisiera comentar ese momento donde me di cuenta que estaba solo y nadie miraba mientras yo revisaba si la sangre llegaba a mis manos, mientras aceleraba y volvía a esta casa con la intención de escribir, subrayar que existo ¿Para quién? Para comprender, en la soledad y su comunión con lo místico, la presencia de lo otro. ¿Qué es ello si no la muerte y el horror? – no hay poesía después de ciertos eventos – que son una bolsa al aire, la prefiguración de la muerte de mi gata, un beso anunciando el deceso y la divergencia que ocurre entre cada persona. El mundo allá fuera se extiende como una propuesta sutil de energía y vida; desde lejos, la cordillera y los colores pirotécnicos de los que se baña en las tardes santiaguinas. Pero tengo demasiado claro mis mecanismos de esperanza, esos colores, las arterias que se desperdigan desde Santiago hacia el mundo, hacia el tercer mundo que es el único mundo importante, tan claro como para poder sostenerlo y sostenerse en ello, pero ya imposible. Una borrachera decadente de existencia pastosa y lúgubre, oscura, órganos que aparecen nauseabundos desde el orificio de la boca, y sus historias como quizá el último delgado filo de la existencia de vuelta a ella misma lejos de las palabras que acribillan y mutilan la intención final de acercarse. El barco está realmente ebrio en un mundo de castidad y sobriedad, y han depositado a los dementes sobre él a vagar entre los mundos que proliferan de industria y cultura, de mierda y encantos. Gustos ¿Qué son ellos si no la reiteración de la angustia? Y cuando ella desaparezca…de vuelta a las ficciones nimias, los poemas conmemorativos, la reincidencia musical, las banderas, la perspectiva fragante, la lucidez boicoteada. Marcos, el suicidio como Juan Salvador, después de ello el frio o el calor, la experiencia y la esperanza. Repetir las mismas condiciones de la muerte, títulos y el nombre Kerouac como muescas en una ballesta, y posponer la decisión. Habrá sangre y habrá hambre y habrá un final, y todo volverá a ser como antes. La novela tendrá un final, en un bus de vuelta a Santiago escuchando la fornicación de dos desconocidos. Pero yo estaré ya muy lejos, incluso de mi mismo. Y toda mi poesía será una gran tangente al círculo egótico de profundidades insospechadas, cuyo fondo de vida latinoamericana es el roce final con la existencia que no es: un tipejo medio oscuro, medio europeo, medio afroamericano, medio psicodélico y medio triste, que sabe hacer reír y sabe relatar y sobre todo sabe mentir, y en ello asomará alguna posibilidad de verdad que alguien verá, para elocuencia de su dolor y perpetuación de la lucha.


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